El hostal de la desesperación

Después de un reconfortante sueño y un apreciado desayuno en mi quimera personal llamada “Bonus Inn Hotel”, llego el momento de enfrentarme a la realidad. Salgo del hotel con una fina lluvia y mi mochilón de 32 kg, cojo el autobus para ir al centro de Helsinki y llega el primer shock intercultural de la aventura, a modo de 4,5€ de billete autobus. Me resulto duro pagar casi cinco pavos por un autobus, creia que el conductor me estaba aplicando la tarifa de pardillo, aunque más tarde para mi desgracia descubri que era la tarifa normal para un billete interurbano.
Con el Google Maps siempre encendido veia como me acercaba al centro de la ciudad, viendo pasar edificios extrañamente separados unos de otros por unos parques enormes poblados por enormes arboles. Echando un vistazo al movil y para mi sorpresa el autobus estaba pasando por escasos 100m del punto que tenía definido como mi destino, me apresuré a darle al botón para bajarme e intentar cargar los 32kg a mi espalda. En unos pocos minutos me encontraba en la puerta del Cheap Sleep Hostel, el hostal que en contra de mi voluntad se iba a convertir en mi casa durante más de una semana.

Después de ver mi taquilla de 60x40X40cm y de tener que esperar hasta las santas 4 de la tarde para poder ocupar mi cama, me como un bocadillo y me armo de valor para explorar la ciudad aun sabiendo que estaba lloviendo bastante, una cosa tan insignificante como la lluvia no iba a parar mis ganas de conocer la ciudad. El paseo duro una hora y media y me dio tiempo a sacar dos conclusiones. La primera es que la ciudad no se altera por condiciones climatologicas, había un gran trafico de bicicletas, la gente iba al parque de atracciones o caminaba por la calle pese a tener los vaqueros y el jersey totalmente calados, supongo que en su casa la sauna lo arreglaria todo. La segunda conclusión que llegue es que yo soy de secano y por mucho goretex que tengas despues de una hora y media de lluvia acabas empapado y no estoy tan acostumbrado como esas gentes. De vuelta al albergue, cansado y mojado, me propuse comenzar esa tortuosa labor que fue el buscar alojamiento en esta ciudad llamada Helsinki.
Y echandole un breve vistazo, entre la neblina, a una desamparadora luna llena, tras 48 horas sin escuchar una palabra de español, exausto de revisar decenas de anuncios en finlandes y en ingles con unos precios exageramente altos y despues de mandar varios emails, me dispuse a pasar mi primera noche en el albergue, con mis otros 15 compañeros de habitación.