Adaptandome a la nueva situación…

Al final la primera noche en el hostal no fue tan mal, aunque podría haber sido mejor: de los quince compañeros de habitación solo roncaban seis personas, dos de ellos como una locomotora, sin contar una mujer de unos cincuenta y tantos que no paró todo la noche de hablar en sueños en noseque idioma. Había momentos que hasta era armónico y me recordaba a una coral satanica. Después de un deficiente desayuno con leche en polvo y cereales, continue con mi cada vez más necesaria labor de encontrar un sitio digno para vivir.

Durante los días siguientes aparte de buscar alojamiento, me intenté relacionar un poco con la gente que habitaba en ese lugar, eso si, sin mucho exito ya que mi nivel de ingles deja mucho que desear. Principalmente los que se dejaban caer por ahí eran gente joven que venía de turisteo a conocer la ciudad y amborracharse por las noches, lo normal en estos sitios, aunque con el paso de los días me di cuenta que había algunos habituales que parecían hechar raices en ese sitio. Como es previsible me empece a relacionar con los pocos hispano hablantes que rondaban el lugar.

Uno con los que más relacioné era un español un poco más joven que yo, de buena familia, amante del skate, y que estaba en mi misma situación, sin casa. Ya llevaba un par de semanas en el hostal y parece que estaba muy bien adaptado al lugar. Por las mañanas iba a sus clases y por las tardes a patinar a los diferentes skate park de la ciudad. Parece que el skate es un deporte con gran popularidad en estas tierras y hasta hay un skate park muy chulo con cientos de metros cuadrados construido bajo tierra en un antiguo bunker nuclear.

Otro de los compañeros de hostal que conocí era un marroquí que había vivido en España muchos años, gran persona, me invito a cenar un par de veces un excelente pollo, mientras me relataba los multiples atropellos e innumerables actos delictivos que había realizado en España hasta que le hecharon del país. El pobre estaba en el hostal porque estaba cansado de soportar a su independiente y liberal esposa finlandesa. Le ayudé a buscar un ferry para irse a Estocolmo e irse a vivir con algunos de sus compatriotas amigos suyos. Gracias a él comprendí lo terrible que era el mercado de alquiler de vivienda en esta región y las increibles oportunidades que me ofrecia el mercado automobilistico de segunda mano.

A lo que a mujeres se refiere, el hostal estaba muy bien surtido, mucha más proporción que hombres, todo el rato paseandose chiquillas en edad de merecer de un lado a otro, unas endomigadas, otras en pijama, hasta alguna vi rondando en paños menores. Por mi cabeza siempre pasaba la pregunta de que les atraía de ese pais y todavía sigo buscando una respuesta. Conocí a una japonesa que tenía el detalle de invitarme a mandarinas y otra griega que estaba tremenda, muy fiestera que decía que odiaba el pais porque hacía mucho frio, que era estudiante y no le daban casa, como si fuera la unica. Pero al final no estreche relaciones tanto como hubiera querido por la maldita barrera del idioma.

En definitiva, volviendo al alojamiento, después de dos días traduciendo ofertas de todo tipo de viviendas, recibiendo largas diciendome que ya estaba ocupado o simplemente sin recibir respuestas a mis emails, parece que vislumbré un poco de luz al final del tunel. Y es que después de ver un capitulo en ingles de Bob Esponja con una niña de cuatro años y su madre, me fije que me había llegado una interesante respuesta a mi email. Era de un chico finlandes que acababa o estaba a punto de acabar sus estudios y se iba a trabajar a Japón durante un año a trabajar y quería subarrendar su piso de estudiente para sacarse unas perrillas. Me apresuré en contestarle y concertar una cita para ese mismo día, ¡por fin!, ya tenía esperanzas de encontrar algún cobijo.